Desde las Constelaciones Familiares, existe una premisa que es la más importante de todas. El asentir todo, tal cuál está ocurriendo.
Como psicólogo me ha costado poder lidiar con eso. Automáticamente me pongo en ejemplos extremos. Como una mujer podría aceptar los abusos recibidos de un padre perpetrador. O cómo se podría aceptar el maltrato constante recibido en un lugar de trabajo, a manos de jefatura y otros compañeros de equipo. O cómo se podría aceptar las invalidaciones, juicios, descalificaciones y manipulaciones sufridos de parte de una madre narcisista.
Cuando pienso en todos esos escenarios, que los he visto en más de algún paciente en mis años de clínica, me resulta éticamente imposible estar de acuerdo con ese planteamiento.
Pero más allá de un trauma complejo, el arte de asentir lo vivido, sí pudiera generar cambios importantes. Según una última recopilación realizada por el Harvard Health Publishing, llamado “Giving Thanks Can Make You Happier”. Y plantean cosas muy interesantes.
Lo primero, la gratitud estimula la corteza prefrontal de cerebro, que se encarga de la gestión emocional, planificación y funciones ejecutivas.
Lo segundo, disminuye la actividad de la amígdala, reduciendo los niveles ansiedad y producción de cortisol.
Lo tercero, promueve la liberación natural de dopamina y serotonina, logrando mejorar así el estado de ánimo.
Imaginemos lo que eso podría significar en la anatomía de nuestro cerebro, si lo transformáramos en una práctica constante.
Ahora, ¿qué tiene que ver este estudio de la gratitud y el foco de esta entrada acerca de asentir? Acá va la correlación. La gratitud sería un sentimiento o actitud de reconocimiento ante un beneficio o favor recibido, que impulsa a valorarlo y corresponderlo de alguna manera.
Según esa definición sería como el valorar algo recibido, beneficioso. Da lo mismo en qué, de quién, cantidad, etc. Es el sentimiento que provoca lo relevante.
Y si lo comparamos con el asentir, que sería el aceptar lo que está ocurriendo, de forma incondicional; entonces podemos ver similitudes. Asentir es aceptar lo que ocurre, lo que ha pasado. Da lo mismo su naturaleza. Solo en esa aceptación se mueve algo diferente.
Cuando estoy anhelando que algo sea diferente, lo que estoy haciendo es rechazar el momento presente. Vuelvo a repetir, cuando estamos viviendo situaciones extremas, donde mi integridad está en riesgo, esto no aplica. Pero en el resto de las situaciones, tal vez sí.
Si puedo llegar al punto de poder reconocer y aceptar lo que está pasando (esa relación de pareja disfuncional e inestable, ese trabajo que no me hace feliz, esa relación con un padre que provoca dolor, esa amistad que solo necesita presencia, pero no la regala cuando se necesita, etc.); ahí aparece la magia. Solo desde la aceptación de lo que está ocurriendo puede aparecer la fuerza para moverme en función de lo necesario. De lo contrario, es solo modo amenaza y supervivencia y el cerebro hará lo que sea necesario para hacerlo en esas condiciones.
Esto es es similar a lo postulado por Viktor Frankl y su pasado tortuoso por los campos de concentración nazis por años. Solo aceptar todo lo que estaba ocurriendo, le permitió conectar con la fuerza interna para vivir el día a día, lo que llamó posteriormente el sentido de la vida.
¿Pero por qué llamo un arte al asentir? Lo llamo un arte porque es algo debemos aprender, practicar, fallar, perfeccionar, para alcanzarlo. En la sociedad actual, es más sencillo y práctico el quejarnos de todo lo que ocurre, más que el hacer algo al respecto. Es más fácil culpar al otro, a a los padres, a la pareja, a los hijos, al supervisor, al trabajo, al gobierno, a los políticos, a otro país; en vez de aceptar todo lo que pasa y elegir moverme conscientemente en mis decisiones en función de lo que necesito y quiero hacer. En esto también una salvedad, hay territorios que sí están a merced de autoritarios megalomaníacos que deciden guerras que destruyen a miles. Es casi imposible, creo, llegar a poder asentir todo eso.
En lo personal, este año ha sido desafiante en ese sentido. Para los que me conocen, saben que el deporte y en particular el pádel, son un pilar fundamental en mi vida. Y ya en 2 oportunidades en lo que va de este año, he estado prohibido de toda práctica deportiva por temas de salud (una hernia inguinal y posterior operación, y ahora una diverticulitis aguda que pudo ser más grave). La desesperación, la frustración, la rabia, la culpa, la pena las he vivido intensamente.
Sin embargo, el único posible alivio ha surgido cuando he logrado aceptar completamente el momento presente. Aceptar que necesito parar un tiempo para cuidarme, cuidar mi cuerpo, fortalecerlo y volver a empezar.
Y haciéndolo, me ha permitido que aparezcan otras cosas. Como por ejemplo, gracias a que no he podido hacer deporte esta mañana, es que he tenido el tiempo para escribir esta entrada para mi blog, esperando que tal vez pueda inspirar a más de alguno en su vida. Puede parecer irrelevante para muchos, pero para mí, es un día ganado el no caer en la desesperación de no poder hacer lo que me encanta.
El arte de asentir. Sin duda, una lección que todos deberíamos lograr.
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